Aceptar o desafiar, ahí el dilema
¿Alguna vez has sentido que una situación compleja te
supera y que no logras resolverla? ¿Has pensado que no eres capaz de afrontar tus
problemas y que te sientes abatida? Sin importar tu edad, es probable que hayas
experimentado estas sensaciones una o varias veces a lo largo de tu vida. Cuando
pasamos por situaciones complejas, tendemos al pesimismo y nos convencemos que
independientemente de lo que hagamos las cosas siempre irán a peor y que no lograremos
superar las dificultades.
Algo que nos puede ayudar cuando eso ocurre es lo que
conocemos como empoderamiento personal, pero, ¿de qué se trata y qué es el
empoderamiento personal? Lo explico en una frase: El empoderamiento personal consiste
en tomar el control de nuestra propia vida, enfrentar con buenas decisiones las
dificultades y los problemas, aprovechar las oportunidades y lograr nuestras
metas. El empoderamiento nos permite vivir en armonía con nosotras mismas y con
los demás, de forma que todas las relaciones, personales o sociales, mejoren, y
con ellas, el desempeño educativo, social, laboral y personal, fortaleciendo
habilidades e incrementando nuestra autoestima y seguridad.
Actualmente el término se usa para referirse al
empoderamiento de las mujeres y se refiere al proceso por el cual, dentro de un
contexto de desventaja, reforzamos nuestras capacidades personales con el
objetivo de alcanzar equidad en cualquier ámbito en el que nos desempeñemos, ya
sea en lo laboral, educativo, social, empresarial y político, por citar algunos.
Todo tipo de empoderamiento es necesario para gestionar eficazmente nuestros
objetivos y para superar las adversidades.
Lograr capacidad para tomar decisiones asertivas y
afrontar cualquier situación que se presente, sea buena o mala, es también,
resultado de que las personas adquieran conciencia de que sus malestares e
inconformidades no están impuestas por hechos externos sobre lo que no tiene
control, o que deben ser aceptados con resignación, sino que provienen, además,
de un proceso interno, de pensamientos y sentimientos que pueden ejercitarse
para ser manejados por decisión propia y desafiar un destino que parecería
escrito en piedra.
El empoderamiento camina de la mano del autoestima, en
terapia he notado que algunos de mis pacientes no logran responsabilizarse de las
decisiones que les generan malestar, las rehúyen ya sea por inseguridad o por
lo poco valiosos que se sienten, muchas veces alimentados por personas de su
entorno cercano que no son saludables para su vida en esos momentos.
Con terapia psicológica se logra desatar lazos
afectivos insanos y reparar las relaciones necesarias para una vida mejorada,
para que quienes vienen a consulta acepten que es su responsabilidad exclusiva tomar
sus propias decisiones y hacerlo de manera autónoma. Una persona empoderada, es
conscientes de lo que sí puede controlar y lo hace, desafía su futuro para sentirse
dueña y protagonistas de su vida, así es más plena y feliz.
Vamos, a desafiar en lugar de aceptar.



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