Ansiedad en los tiempos del Covid19
Si
bien es importante conocer qué es esto del coronavirus, en esta entrada de mi
blog personal quiero reflexionar, junto a ustedes, sobre la importancia de
cuidar la salud mental en medio de la emergencia sanitaria que le ha tocado
vivir a nuestra generación, lo haré desde mi particular punto de vista y desde
la experiencia que voy acumulando a pesar de mi juventud. Vamos semanas
pendientes de los destrozos que provoca el virus, hemos visto personas que
enferman, ciudades, países y hasta continentes enteros que se detienen, grandes
industrias como el turismo y la aviación llenos de incertidumbre, hasta vimos
que la educación fue obligada a actualizar sus métodos de manera violenta.
Parte
de mi profesión como psicóloga clínica es brindar servicios en el Ministerio de
Salud Pública en el hospital de Ambato, dicho sea de paso, uno de los mejores
del País. El trabajo que hacemos allí, la capacidad de sus profesionales, los equipos
multidisciplinarios, su nivel técnico y la calidad humana de quienes laboran, me
han dado una oportunidad única para crecer como profesional y como ser humano, aunque debo reconocer también que, en mi preparación escolar y académica, nadie
me preparó para afrontar la emergencia que vivimos, ningún módulo universitario
o de postgrado trató sobre cómo vivir una crisis sanitaria en primera línea,
todo esto es para mí y para muchos, algo muy nuevo.
¿Cómo
era un día normal en la vida de una psicóloga clínica en Ambato?, muy normal
diría, me ocupaba en atender pacientes, en dar psicoterapia a quienes llegan a
mí consulta, brindar apoyo terapéutico en hospitalización pediátrica, realizar
intervención en crisis y valoración psicológica en el área de emergencia y,
luego de mis horas en el hospital, atender a quienes requieren de mi trabajo en
la consulta privada. Esa era mi rutina hasta que el Covid llegó al hospital,
sentí mucho miedo, nadie me había preparado para afrontar algo así, hasta que
mi red social de apoyo vino en mi ayuda, reforzando lo que la vocación me
orientaba hacer.
Fue
un martes cualquiera cuando cambio todo, se suspendieron las consultas, se marcaron
estrictos protocolos y medidas preventivas, entre ellas la obligatoriedad de usar
mascarilla, guantes y gafas protectoras, hacerte amiga del lavado de manos y
del gel desinfectante, mantener distancia prudente con colegas y pacientes. Caminar
por los pasillos del hospital, atender personas en emergencia y conversar con
compañeros de trabajo, ya no era seguro. Con el virus llego también la angustia,
la ansiedad y sobretodo el miedo. Si creíamos que las catástrofes son propias
de países en conflicto o de gente que vive en zona de guerra, esta situación
nos enseña que no siempre es así, que son cosas que nos pasan a todos, sin
importar sexo, etnia, lugar de origen, edad, o nivel económico.
La
parte más difícil era llegar a casa, hasta me sentía radioactiva. Como muchos,
diseñe mi propia rutina de bioseguridad cuidándome para no transportar una
infección a mi familia, siendo consciente de que la rutina planteada nunca
llegará a ser suficiente ni siquiera para calmar mi propia ansiedad. Si yo me
sentía así, los doctores, el equipo médico que actúa en primera línea, estaban
con niveles de estrés increíbles, ni qué decir de los enfermos y de sus familias.
Ahora
mi práctica ha cambiado, ya no tengo mi horario habitual, empecé por hacer
turnos de 10 horas, ya no puedo visitar a mis abuelos o ver a mi hermana, perdí
los abrazos de mis papás que hasta ese día tenían el potencial de sanar todo,
ahora están guardados en algún closet hasta que pase la emergencia, todo porque
a este virus le va muy mal el distanciamiento social y todos debemos ayudar a
que le vaya lo peor posible.
En
el hospital hemos empezado a realizar vías de descarga con el personal médico,
desconectar por quince minutos para descargar sus miedos, angustia y
pensamientos, ahora trabajamos en formar redes de apoyo entre todos los que estamos
enfrentando el problema, los primeros resultados nos dicen que la terapia funciona.
También
estoy trabajando en lo personal, empecé a auto restringirme información que no es
importante y evitó las noticias, con lo mínimo para mantenerme informada es
suficiente, cambié las Redes Sociales por las Redes Humanas y empecé a
practicar yoga todos los días, por cierto, la respiración centrada y consciente
ayuda muchísimo a disminuir niveles de ansiedad; también desempolvé libros que
había olvidado leer y a utilizar la tecnología a mi favor, ahora organizo
salidas virtuales desde casa con amigas y familia, me ha servido para aceptar mi
propio miedo y transformarlo a mi favor.
Con
las colegas del equipo de salud mental del hospital, empezamos a dar
seguimiento y apoyo a médicos, enfermeras, personal de limpieza, personal de
seguridad, es decir, a quienes no pueden quedarse en casa, para ellos hemos
generado vías virtuales de contención y apoyo psicoterapéutico. Cosas que sin
esta pandemia no se nos habría ocurrido y que realmente han funcionado, ese es
otro aprendizaje, como diría mi abuela, a grandes males, grandes remedios.
Esta
crisis apenas empieza pero no hay posibilidad que vayamos a perder ni la
batalla peor la guerra, he visto la pasión y entrega de nuestro personal
sanitario, he visto como las personas que se quedan en casa aprovechan su
tiempo para desconectar y atender actividades pendientes, la vida en familia
por ejemplo, aprovechando el tiempo que creían no tener y dedicándolo a sus
hijos, soy ejemplo de cómo los cafés virtuales unen la gente sin importar edad
ni nivel educativo, he visto también que lo básico vuelve a ser importante
(como lavarte constantemente las manos, cubrirte la boca al estornudar y
respetar el espacio personal).
Ahora
trabajo con mis pacientes por medio de aplicaciones como Zoom o WhatsApp, y
aunque nada se compara con estar frente a frente, por el momento las
herramientas me han servido para brindar asistencia y sobretodo, para ayudar de
la forma en la que mejor capacitada estoy. Aunque el Covid nos haya obligado a
quedarnos en casa, los episodios depresivos, los intentos autolíticos, el
maltrato, la violencia intrafamiliar y la ansiedad no han desaparecido, incluso
han aumentado y estas aplicaciones me han permitido llegar a mis pacientes y
ayudarlas a sobrellevar sus dificultades o simplemente para hacerles compañía.
Recuerden,
en medio de la emergencia, la salud mental importa mucho más. Si hoy leíste ese
post de casualidad y te sientes solo, tienes miedo o simplemente necesitas
conversar, escríbeme.



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